Ciudad de México, México, 1987 – 1992
Esta obra es relevante por el significado de su función y por lo monumental de su arquitectura. El conjunto aloja a los Tribunales y a los Juzgados de la Suprema Corte de la Nación y se ubica al oriente de la ciudad, próximo al Palacio Legislativo, en una zona de alta densidad y de intenso tráfico.
Por lo que hacia el lado norte el edificio se separó del ruido de la avenida Zaragoza por medio del estacionamiento rodeado por un gran talud cubierto de hiedra, diseñado para que funcione como barrera de protección visual y sonora.
Fotografía: Pedro Hiriart
El partido arquitectónico propuesto consiste en un gran bloque continuo formado por nueve cuerpos de cuatro niveles, articulado por una calle peatonal abierta que lo recorre como eje central. A través de este andador, ubicado en el primer nivel, se accede con comodidad y sin elevadores, a las diversas dependencias del conjunto porque solamente se suben dos niveles destinados a las zonas públicas y se desciende uno dedicado a los archivos. Esta calle peatonal de trescientos metros de largo se inicia en la fachada poniente en una gran plaza de acceso escalonada donde se localiza el enorme pórtico de acceso, y se continúa como columnata con pérgolas, en el primer y en el último tercio del trayecto, con una zona central jardinada. Finaliza en el extremo oriente formando un recinto semicircular a la manera de plaza donde se encuentra una fuente como remate visual; este espacio de esparcimiento a su vez permite el acceso a los servicios sociales.
De los nueve cuerpos que integran el conjunto, siete contienen los veinticuatro tribunales, treinta y dos juzgados y los archivos, como sus requerimientos son similares la solución propuesta fue análoga; los otros dos, se diferencian porque dan cabida a los componente atípicos como el auditorio, el instituto y los servicios administrativos y sociales. Hacia el exterior los distintos volúmenes están delimitados por las escaleras contenidas por cuerpos cilíndricos, semejando grandes columnas.
Las fachadas del conjunto son distintas pero se integran por elementos comunes como una gran cornisa que une y remata a toda la edificación, o el acabado de concreto colado en sitio con agregados de tezontle y grano de mármol expuesto a base de cincel. Su imponente masividad y sus monumentales perspectivas contrastan con el entorno, convirtiendo a este Palacio en un punto de referencia urbano.
Texto: Dra. Lourdes Cruz González Franco
Fotografías: Pedro Hiriart