Ciudad de México, México, 1984 – 1987
Nacional Financiera es la institución más importante de México en su ramo y construyó este edificio para alojar a dos de sus dependencias: una sala bancaria y un centro de cómputo
A pesar de que sus funciones son independientes, debían estar concentradas en un solo volumen por motivos de seguridad y comodidad. Así, la sala bancaria se proyectó hacia el sur sobre la vialidad principal, ocupando los dos primeros niveles del edificio con una zona de doble altura.
Por su parte, el centro de cómputo se desarrolló en los tres pisos superiores, con el acceso por la fachada posterior, orientada hacia el norte, donde se localiza el estacionamiento descubierto. La diferencia de niveles entre las calles que delimitan el terreno, permitió la independencia de los accesos de cada función.
1990 – Mención de Honor en la Primera Bienal de Arquitectura Mexicana
Fotografía: Pedro Hiriart
Se trata de un volumen con dos fachadas que guardan escasa relación entre sí. La fachada principal está orientada hacia el sur y tiene un pórtico de veinte metros de altura soportado por dos columnas triangulares que marcan la entrada a la sala bancaria. Dentro de este pórtico, el juego de trabes escalonadas que rematan el edificio, muros remetidos y un masivo cilindro que aloja las escaleras, forman un juego interesante de luz y sombra.
La fachada norte está compuesta por un volumen liso con un paramento de cristal donde se recorta en concreto la forma de la escalinata desarrollada en el vestíbulo de triple altura del centro de cómputo. Al mismo tiempo, sobresale el basamento escalonado, a la manera de la arquitectura mesoamericana, donde se ocultan los servicios generales y que permite el ingreso al nivel de las oficinas a través de un franco acceso. El interior del edificio se resolvió con claridad, al respetar la individualidad de las dos entidades integradas acertadamente en una estructura masiva, terminada en concreto con grava de mármol cincelado, de fuerte presencia urbana.
Fotografías: Pedro Hiriart