J. Francisco Serrano

Ciudad de México, México, 1999 – 2000

Oficinas y Comercio Nuevo León (2000)

La colonia Hipódromo de la Condesa se caracterizaba por ser una de las zonas habitacionales más privilegiadas de la ciudad, sin embargo con el transcurso de los años esto se ha modificado porque numerosas casas han sido destruidas para dar paso a oficinas o comercios, lo que ha provocado que las condiciones urbanas actuales sean totalmente distintas a las de aquellos años.

Cuando se construyó el primer edificio (destruido por el sismo de 1985) en la esquina de Nuevo León y Laredo, el entorno urbano fue de vital importancia para concebir el proyecto. En esta época el intenso tráfico y el caos urbano propició una forma totalmente distinta de relacionar el nuevo edificio con la ciudad.

Ciudad de México, México
1999 – 2000
416  m²
J. Francisco Serrano
Pablo Serrano Orozco
Susana García Fuertes

Fotografía: Pedro Hiriart

Fotografía: Pedro Hiriart

Para este proyecto se consideró la estructura anterior a base de columnas, así como la ubicación del estacionamiento en semisótano, por lo demás el cambio de imagen resultó total. Fueron dos los factores principales que determinaron la solución arquitectónica; por un lado, buscar la privacidad
de los usuarios sin necesidad de cortinas, pero a la vez que se puedan relacionar discretamente con la ciudad; y por el otro, tratar de que la mayoría de los espacios tuvieran una buena luz natural para minimizar el uso de la energía eléctrica.

El programa contempló en la planta baja un pequeño restaurante y el acceso a las oficinas a través de una escalera con la característica de que sus rampas no se sobreponen, esto permite un espacio articulado, iluminado profusamente con luz cenital. En el primero nivel se localiza el taller, donde todo el mobiliario se diseñó especialmente, dejando al centro el espacio para maquetas y alrededor la zona de computadoras para una óptima interrelación entre las dos áreas de trabajo, también se ubicó una sala de juntas y la zona de servicios. Estos espacios están separados por
paneles de yeso, y al igual que el plafón, están pintados de color blanco el cual caracteriza a toda la obra. En el segundo nivel se proyectaron otras oficinas con un patio jardín que por sus cualidades, cerrado al exterior y cubierto de granzón de tezontle, le imprime un ambiente de tranquilidad a la zona de trabajo.

Al exterior el volumen se cubrió de vidrio de elaboración especial, combinado con placas metálicas de color blanco en los accesos como elementos de contraste. Lo principal y más interesante de esta propuesta es la solución de las fachadas, porque para lograr su apariencia se unieron dos cristales transparentes con una resina plástica; este diseño no permite la incidencia solar directa al interior, pero sí la filtración de la luz y también se logra cierto aislamiento acústico en las áreas de trabajo. Por otra parte, resalta una angosta perforación en sentido horizontal, de cristal transparente, que recorre todo el primer nivel, con el objeto de ventilar y tener contacto visual con el exterior. Cabe resaltar la presencia en la ciudad de esta obra al anochecer, porque el diseño de la iluminación artificial provoca que los vidrios la reflejen y como los cristales no son transparentes
se logra una total privacidad al interior; de esta manera la imagen varía de acuerdo a los espacios iluminados.

Texto: Dra. Lourdes Cruz González Franco

Fotografía: Pedro Hiriart
Fotografía: Pedro Hiriart

Fotografías: Pedro Hiriart