Ciudad de México, México, 1983 – 1988
Ubicada al poniente de la ciudad en un terreno de veinte hectáreas, la Universidad Iberoamericana originalmente se proyectó para alojar a diez mil alumnos..
Debido a su sistema educativo departamental, los alumnos de las diferentes carreras utilizan los servicios, las aulas y la biblioteca, entre otros elementos, en forma comunitaria, por lo que el proyecto fue concebido como un gran conjunto donde la unidad del todo estaba por encima de las partes. Esta característica se logró por la uniformidad volumétrica, así como por el empleo de un solo material, el tabique aparente, el cual se diseñó para que se usara como la cimbra de los elementos de concreto
Fotografía: Pedro Hiriart
El edificio está resuelto alrededor de un patio de dos niveles. El más elevado es conocido como el patio académico, y el otro es el patio-jardín, los cuales se comunican entre sí, por medio de una amplia escalinata que funciona como foro abierto. Este espacio comunitario protegido por una pérgola de veintiocho por cuarenta y dos metros ofrece un lugar de reunión y de descanso, desde el cual se tiene acceso a la biblioteca, las oficinas administrativas y la rectoría, ubicadas al centro del conjunto.
Los dos patios principales, a su vez contienen cada uno un patio hundido. Estos recintos tienen un ambiente propio y distinto del resto de la Universidad. Así, en el académico se localiza el que corresponde a la biblioteca la cual disfruta de un ámbito de tranquilidad; y en el patio-jardín se encuentra la cafetería.
El acceso principal a la Iberoamericana se encuentra en Prolongación Paseo de la Reforma, está contiguo a un montículo de tierra que se formó como pirámide para evitar su deslave aunque posteriormente desapareció para tener más área de estacionamiento. El volumen de las aulas está formado por tres niveles con una capacidad para doscientos salones; en la planta baja existe un pórtico de doble altura y en los pisos superiores una doble crujía donde hay que señalar la solución del corredor con ventilación y luz natural que se logró al desfasar las aulas del último nivel.
Al exterior el conjunto presenta espacios y formas que recuerdan a la tradición cultural de nuestro país como los taludes jardinados y los patios. Estos elementos aunados al juego de luces y sombras en las fachadas y al cuidadoso empleo del tabique aparente lograron una obra con identidad.
Texto: Dra. Lourdes Cruz González Franco
Fotografía: Pedro Hiriart y Archivo UIA