J. Francisco Serrano

Berlín, Alemania, 1997 – 2000

Embajada de México en Alemania (2000)

Con motivo del cambio del gobierno y del Parlamento Alemán a la ciudad de Berlín, la mayoría de las embajadas extranjeras acreditadas en Bonn, han tenido que trasladarse en los últimos años a Berlín. México no fue la excepción, y por tal motivo la Secretaría de Relaciones Exteriores convocó a un concurso para diseñar la nueva sede, invitando a nueve arquitectos destacados, representantes de distintas generaciones y ciudades del país. Dos de los elegidos, participaron con un proyecto conjunto que fue el ganador

A finales del siglo XX la ciudad europea de Berlín se consolidó como un sitio de vanguardia y experimentación artística, particularmente en el ámbito de la arquitectura; por este motivo esta embajada además de expresar nuestra riqueza cultural debía ser una obra arquitectónica de gran calidad para estar acorde con el contexto propuesto. Por otra parte, debía satisfacer las funciones diplomáticas, consulares, de promoción del comercio y las inversiones, así como ser un elemento para difundir el arte mexicano.

Berlín, Alemania
1997 – 2000
3.000 m²
Teodoro González de León
J. Francisco Serrano
2002 – Medalla de Plata, en la Séptima Bienal de Arquitectura Mexicana, Ciudad de México

Fotografía: Bernhard Krol

Fotografía: Bernhard Krol

Para la construcción del edificio, México adquirió un terreno en la esquina noreste del llamado Triángulo Klingelhöfer en Berlín occidental, esta zona se significa por ser un lazo de unión entre barrios de naturaleza muy distinta y por alojar a edificios corporativos y diplomáticos. El predio tiene 1,175 m2 de superficie y la propuesta responde a los estrictos lineamientos del plan maestro de la zona, que exigen un volumen de dieciocho metros de altura; además el proyecto debía de mantener la posición horizontal y vertical en las tres esquinas principales del entorno.

Así, el partido propuesto consiste en un cuerpo irregular que ocupa toda la manzana donde sobresale, casi al centro, un cilindro abierto hacia el cielo protegido por cristal que contiene la parte central y simbólica del diseño, este espacio unifica al edificio porque además contiene los elevadores panorámicos, y crea al interior un ambiente propio que resguarda a los usuarios del clima de esta ciudad. El edificio tiene cinco pisos en los cuales se distribuyen las distintas dependencias; en la planta baja se localiza la recepción, la sala de usos múltiples y la biblioteca entre otros elementos. En este nivel el cilindro contiene el patio con un jardín escalonado, este espacio singular se puede integrar a la sala de usos múltiples si las actividades sociales lo requieren. En los pisos superiores se ubican la Cancillería, el Consulado y el Instituto Cultural, además del sótano donde se localiza el estacionamiento y servicios diversos.

La fachada principal ofrece una fuerte impresión de plasticidad arquitectónica porque se compone de un paramento diagonal y otro oblicuo que se enlazan en el acceso, estos planos están formados por cristal y columnas de concreto blanco colocadas en forma vertical, mismas que además sirven como elementos de construcción. Hacia la calle lateral aparece la entrada vehicular con la misma idea y altura, pero más angosta En el interior del edificio, llama la atención la generosidad de los espacios compuestos a partir de diagonales, áreas con diversas alturas y cubiertas, así como el juego interesante de iluminación.

Texto: Dra. Lourdes Cruz González Franco

Fotografía: Bernhard Krol
Fotografía: Bernhard Krol

Fotografías: Bernhard Krol